¡Cuánto dolor traen las pérdidas a nuestra vida! Pero también cuánto aprendizaje.
Cuando nos enfrentamos al deceso de alguien a quien amamos, o cuando perdemos algo importante para nosotros, como un empleo o un patrimonio, es inevitable que pasemos por una etapa de duelo, que trabajemos para sanar las heridas.
Como se los he compartido en otros post, la muerte trae consigo tristeza, caos y enojo, entre otras cosas, y afrontarlas no es tarea sencilla, pero se puede salir adelante.
Lo que muchas veces no alcanzamos a ver en el corto plazo es que cada pérdida en nuestra vida trae consigo un enorme aprendizaje y eso nos ayuda a crecer como seres humanos.
En mi caso, enfrentar la muerte de un ser querido me dejó distintas enseñanzas, aunque tardé en comenzar a verlas:
- Valoro cada día que tengo de vida
- Agradezco tener un buen estado de salud
- Aprendí a estar sola y a ser mi mejor compañía
- Amo a las personas que forman parte de mi vida
- Disfruto con más intensidad los momentos compartidos con mi familia
- Trato de reír más (siempre fui -¿o soy?- muy seria)
- Entrego lo mejor de mí a quienes me rodean
- Sé que tengo derecho a equivocarme, como todo mundo, y aprendo de mis errores, aunque a veces tropiezo con la misma piedra, pero con menos frecuencia
- Comprendo que nada es eterno y que mañana puedo estar o no en esta vida, al igual que cualquier otra persona
- Gozo mi trabajo y el saber que a través de él puedo dejar este mundo en mejores condiciones de como lo encontré
- Y, sobre todo, aprendí que todo pasa… y esto también pasará
– BlanCalma
